Charrería: la tradición también mueve negocios

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El Inolvidable “Charro de Huentitán”, Don Vicente Fernández, quién se caracterizó por sus extraordinarios trajes de gala y sillas charras en oro y plata.

Durante siglos, la charrería ha conservado una forma particular de entender el territorio, el caballo, la disciplina y la identidad mexicana. Lo que comenzó como una práctica vinculada al campo hoy ocupa un espacio mucho más amplio: el de una expresión cultural capaz de generar comunidad, turismo y actividad económica.

Su reconocimiento como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad en 2016 consolidó una dimensión que trasciende la competencia ecuestre. Detrás de cada lienzo charro existe una cadena de oficios, indumentaria, crianza, espectáculos, gastronomía y encuentros que mantienen activa una economía alrededor de esta tradición.

El Campeonato Nacional Charro “Pascual Ortiz Rubio”, celebrado en San Marcos, Aguascalientes, revela otra dimensión del fenómeno. La competencia reúne a equipos y aficionados de distintas regiones y genera una derrama económica que, de acuerdo con la información presentada en la edición impresa, supera los 600 MDP.

También existe una dimensión patrimonial. El Museo Nacional de la Charrería, en Ciudad de México, conserva piezas y documentos que permiten entender cómo esta práctica evolucionó hasta convertirse en uno de los referentes culturales de México.

La pregunta permanece: ¿cuánto valor puede generar una tradición cuando logra mantenerse vigente sin perder su identidad? 

 

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