El coleccionismo británico paga 15 millones por un auto que casi no existió.

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En 1957, un incendio en la fábrica de Jaguar en Coventry destruyó nueve de los veinticinco XKSS que la marca preparaba para exportación. El proyecto era la versión de calle del D-Type, ganador de las 24 Horas de Le Mans en tres ediciones consecutivas. Del catálogo original solo dieciséis unidades cruzaron el Atlántico, y ese accidente industrial fabricó una de la escasez más valiosa del automovilismo británico.

Steve McQueen compró uno en 1959. Lo conservó en su domicilio de Los Ángeles y lo usó con regularidad, aportando al modelo una plusvalía histórica que dispara el precio de referencia del XKSS hasta hoy.

En 2016, Jaguar Classic fabricó las nueve unidades faltantes bajo especificaciones originales, con métodos artesanales verificados por el registro histórico. Cada unidad costó cerca de un millón y medio de dólares y se vendió antes de salir del taller. Los ejemplares originales siguen dominando el mercado con márgenes que se amplían con cada temporada de subastas.

Las transacciones recientes ubican al XKSS de 1957 arriba de los quince millones de dólares, con casos documentados que rebasan los dieciocho. La diferencia entre el original y la continuación se explica por la historia verificable del ejemplar, un componente del valor que ningún proceso industrial puede reproducir.

En el coleccionismo automotriz, la trayectoria documentada de un ejemplar concreto define el precio con la misma fuerza que su ingeniería, y en algunos casos con mayor peso todavía.

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