Viñedos mexicanos trascienden fronteras

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Durante años, el vino mexicano construyó su prestigio lejos de los reflectores globales. Hoy, esa historia ha cambiado. Desde los valles de Baja California hasta las alturas de Querétaro, Guanajuato y Chihuahua, una nueva generación de productores ha consolidado etiquetas capaces de competir en restaurantes, cavas y mercados especializados de distintos continentes.


El fenómeno no responde únicamente a la calidad de la uva. Detrás existe una combinación de territorio, visión empresarial y una creciente inversión en procesos de vinificación que han elevado el estándar de la industria nacional. El resultado es una identidad propia que ya no busca parecerse a las grandes regiones tradicionales, sino destacar por sus características únicas.


Casas como Dos Búhos, en San Miguel de Allende, han encontrado reconocimiento gracias a propuestas que reflejan el carácter mineral y climático del altiplano mexicano. En Querétaro, Puerta del Lobo ha convertido la experiencia enoturística en parte esencial de su modelo de negocio, integrando gastronomía, hospitalidad y producción vitivinícola en un mismo ecosistema.


Más al norte, Vinos Encinillas mantiene viva una tradición que combina historia, agricultura y producción de alta calidad en uno de los paisajes más singulares del país. Su presencia confirma que el vino mexicano ya no es una promesa emergente, sino una categoría consolidada dentro del mapa internacional.

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