Una costa única

En Maine, Estados Unidos, todo parece moverse al ritmo del mar. El Atlántico no solo baña sus costas, también impregna el aire, los sabores y la forma de vivir. Aquí, donde los inviernos son de nieve y silencio y los veranos brillan bajo el sol como un secreto bien guardado, la langosta no es solo un manjar: es una forma de vida.
La Homarus americanus, reina de las profundidades frías y cristalinas, se convierte en protagonista desde que los pescadores levantan sus trampas al amanecer. En pequeñas embarcaciones que bailan sobre las olas, los capitanes de la langosta escriben una historia ancestral: la de una pesca sostenible, respetuosa y profundamente humana. Aquí, cada langosta es medida, clasificada, liberada o llevada a tierra con el cuidado de quien sabe que el mar es un regalo que no se agota si se lo cuida.

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